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martes, 14 de marzo de 2017

Cuando la ayuda social refuerza la posición de las mujeres

Los programas de transferencias monetarias condicionadas (TMC) pretenden ayudar a las familias pobres, incentivando su responsabilidad: a cambio de un pequeño subsidio, los padres deben cumplir ciertos deberes como escolarizar a sus hijos, vacunarlos, mejorar su alimentación... 

Y como muchas veces el dinero se entrega a las madres, estos programas pueden servir también para aumentar su poder de decisión en el hogar. Alex Armand, investigador en el Navarra Center for International Development (NCID), ha estudiado uno de esos programas en la República de Macedonia y explica sus resultados.

El NCID es uno de los centros que integran el Instituto Cultura y Sociedad (ICS), de la Universidad de Navarra. Figura entre los mejores think tanks del mundo vinculados a una universidad, según el ranking que elabora la Universidad de Pensilvania. Uno de sus objetivos es evaluar la eficacia de políticas destinadas a reducir la pobreza, como el que ha analizado Armand durante varios años.

Al igual que otros programas similares, como Bolsa Família(Brasil), Prospera (México), Familias en Acción (Colombia) o Bono Solidario (Ecuador), el de Macedonia –en vigor desde 2010– ofrece un subsidio modesto si se compara con el salario mínimo mensual del país, unos 230 euros al mes. De esta forma, se evita que los beneficiarios dejen de trabajar o de buscar empleo. Esto tranquiliza a los detractores de otros subsidios, en los que ven formas de perpetuar las situaciones de dependencia respecto del Estado.
– ¿Cómo funciona el programa?
– Su objetivo es mejorar la escolarización y la tasa de finalización de la enseñanza secundaria entre los niños de los hogares más pobres. Cada familia recibe un subsidio, a condición de que sus hijos asistan al menos al 85% de las clases. La cuantía es de unos 227 euros al año, repartidos en pagas trimestrales. Cada una de estas pagas equivale a lo que cuesta la matrícula escolar al trimestre. El subsidio se paga al terminar el trimestre y una vez comprobada la asistencia a clase.
– La mayor parte de los programas TMC entregan el dinero a las madres, por lo que no es fácil saber cómo lo gastarían los padres. En cambio, el programa que ustedes han estudiado sí que contempla que ellos puedan recibirlo. ¿Qué diferencias han observado?
– Los 84 municipios que componen la República de Macedonia fueron divididos al azar en dos grupos: en 42 municipios, se hizo la transferencia a la madre; y en los otros 42, al cabeza de familia, que suele ser el padre.
Observamos dos diferencias principales. En primer lugar, constatamos que entregar el dinero a las madres aumenta el gasto destinado a alimentos en un 4% o 5%. Esto respaldaría el desconcertante hallazgo al que han llegado otros estudios: que los TMC aumentan el gasto en alimentos y que eso podría deberse al aumento de recursos del hogar que pasan a ser controlados por las mujeres.
En segundo lugar, observamos que las mujeres que recibieron las transferencias adquirieron, en general, más poder de decisión.
– ¿Y cómo consiguen medir eso?
– Es muy difícil hacerlo a través de encuestas. En una investigación reciente, realizada junto con otros colegas del Instituto de Estudios Económicos Internacionales (IEEI) en Estocolmo y el University College London (UCL), propusimos una medida alternativa. Se basa en la observación de las decisiones de las mujeres en un experimento de laboratorio y muestra cuánto valora una mujer que sea ella la que reciba el dinero en vez del marido.
Mientras que en las encuestas esa valoración se deduce de una serie de opciones entre las que deben elegir las mujeres, en el experimento todas las opciones están incentivadas. Lo que significa que ofrecemos una transferencia real y que de las decisiones dependerá que el dinero se lo lleve la mujer o el marido. Nuestro método revela que las mujeres están dispuestas a sacrificar una parte de los ingresos familiares con tal de aumentar su control sobre los recursos del hogar.
– Algunos de los programas TMC están implantados en países de fuerte tradición machista. Una cosa es entregar el dinero a las madres, y otra que sus maridos les dejen gestionarlo. ¿Hay algún mecanismo previsto en esos programas para garantizar el control de los recursos por parte de las mujeres?
– Es cierto que entregar el dinero a las mujeres no garantiza que vayan a obtener de hecho el control sobre los recursos. En un estudio de 2015, Najy Benhassine y otros investigadores analizaron un programa de transferencias monetarias en Marruecos, con una asignación aleatoria del sexo del beneficiario. Concluyeron que esa asignación fracasó en la práctica y que fueron los maridos quienes se apropiaron del dinero. De modo que la dinámica [del reparto de poder] dentro del hogar requiere de más estudio, dado que el control del dinero es algo que no se puede garantizar.

aceprensa.com

¿Qué pasa cuando decide la mujer?

Uno de los deberes que suelen exigir a los padres los programas TMC es la escolarización de los hijos. Pero en los países en vías de desarrollo, que es donde están difundidos estos programas, las familias con menos recursos no siempre ven los beneficios de que los niños vayan al colegio.
En una investigación de 2015, relativa al programa de Macedonia, Armand quiso saber si el hecho de que las madres recibieran el dinero ayudaba a que las familias se tomaran más en serio el compromiso de escolarizar a sus hijos. Su conclusión fue que entregar el subsidio a las mujeres conduce a una mayor escolarización, pero solo en aquellos hogares donde la madre y el padre perciben las ventajas –de sueldo y empleo– de que sus hijos asistan a clase.
También hay diferencias en la cesta de la compra de los hogares donde se gasta poco en alimentos, presumiblemente los más pobres. Según el estudio firmado junto con sus colegas del IEEI y del UCL, cuando la mujer se encarga de administrar el presupuesto familiar, la dieta es más nutritiva: gasta más en carne, pescado y lácteos. J.M.

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