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jueves, 5 de mayo de 2022

Objeción totalitaria a la objeción de conciencia

 

Los llamados “nuevos derechos”, como el aborto y la eutanasia, pretenden imponerse en los foros internacionales, incluso a pesar de que no son reconocidos como tales ni en las constituciones de los Estados ni en las normas internacionales vinculantes. Para su total implantación, aborto y eutanasia parecen reclamar la progresiva supresión de cualquier forma de disenso, particularmente de la objeción de conciencia sanitaria.

La objeción de conciencia se ha convertido en el enemigo a batir, porque es una voz profética que apela a soluciones alternativas, porque recuerda otras formas de entender qué es lo verdaderamente importante. Cuando el consenso social sobre las grandes cuestiones éticas se reduce al mínimo –casi a un nombre, “derecho a la vida”, que cada uno interpreta de modo casi opuesto– el respeto a las opciones culturalmente minoritarias o marginales normaliza el disenso, nos permite seguir avanzando juntos, mantiene abierto el diálogo y la pluralidad. Por el contrario, la restricción o la eliminación de la objeción de conciencia sanitaria es la señal de alarma que advierte la proximidad del totalitarismo moral.

Como bien recordaba la Conferencia Episcopal Española en su “Nota doctrinal sobre la objeción de conciencia” de marzo de 2022, “la neutralidad exigida en materia religiosa se extiende a las opciones morales que se debaten en la sociedad. Cuando el poder se sirve de los medios de los que dispone para difundir una determinada concepción del ser humano o de la vida, se está extralimitando en sus funciones”.

Rafael Palomino
Catedrático de Derecho eclesiástico del Estado
Universidad Complutense de Madrid


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