«Cuando
os veáis en un momento de cansancio (…) enfrentaos con él y decidle:
“Señor, que yo trate a este paciente −o a estos pacientes− como tú lo
harías”. Es lo que hizo san Josemaría cuando se encontró con almas
necesitadas. Dijo concretamente: “Tengo que tratar a esta persona como
lo haría Cristo”»
La visita a la Clínica del Gran Canciller de la Universidad de Navarra, Monseñor Javier Echevarría, la tertulia que mantuvo con los profesionales del centro y la posterior celebración eucarística
en el Polideportivo de la Universidad, pusieron el broche de oro, el
pasado 29 de abril, a los actos conmemorativos del 50 aniversario de la Clínica Universidad de Navarra.
El Prelado del Opus Dei se reunió con una nutrida representación de profesionales del centro hospitalario, y durante la tertulia pidió a los presentes oraciones por los pastores de la Iglesia y la voluntad de «afrontar la realidad con optimismo sobrenatural».
Respondió así a varias preguntas.
1. Alicia Garísoain, madre y abuela, con varios casos de cáncer curados en su familia:
2. Teresa Llácer, enfermera supervisora de hospitalización quirúrgica de la Clínica:
Y me preguntas que cómo hacer para mantener ese nivel alto. Os recomiendo que leáis el Evangelio, pero como decía san Josemaría, «viviéndolo». Y ahí os daréis cuenta de la grandeza y misericordia de Dios, que no solamente ha querido tomar nuestros cuerpos, nuestra naturaleza, sino que además también se cansaba, también se sentía sólo, también lloró. Pues cuando os veáis en un momento de cansancio (…) enfrentaos con él y decidle: Señor, que yo trate a este paciente —o a estos pacientes— como tú lo harías. Es lo que hizo san Josemaría cuando se encontró con almas necesitadas. Dijo concretamente: «Tengo que tratar a esta persona como lo haría Cristo».
3. Álvaro Ruiz Zambrana, ginecólogo y padre de 4 hijos:
(…) Es tan estupenda la situación de quien ama a Dios, que nunca se queda a solas; siempre está con Dios Padre, con Dios Hijo, con Dios Espíritu Santo y con todas sus hermanas y sus hermanos, que son la humanidad. Hay que rezar todos los días por toda la humanidad y pensar delante de Dios: ¿Qué he hecho hoy para quitar un poco de las penas, de los dolores, y para compartir las alegrías de todos? Vivid así llevándolo a vuestro hogar. Que estéis muy unidos los dos y que vuestro hijos aprendan a querer por el cariño que os tenéis vosotros dos.
4. Camino Pérez, en el Servicio Limpieza de la Clínica desde hace 10 años:
Al mismo tiempo os vuelvo a insistir: leed el Evangelio, pero viviéndolo. (…) Quiere mucho a tus colegas y trátalas muy bien. Y te diré que en una clínica, una mujer del Opus Dei que se ocupaba también de la parte de la limpieza, fue la que consiguió que un hombre que estaba totalmente despegado y alejado del Señor, viendo el amor que ella ponía en ese trabajo material, tuviera un cambio y terminara su vida acercándose a Dios.
5. María Fernández, termina la especialidad de Digestivo y empieza en un hospital de Mondragón:
(…) Lo decía muy bien el queridísimo don Álvaro del Portillo: «Cuando se ama, se habla de lo que se tiene dentro, con naturalidad». Pues habla de la vida cristiana y diles a tus compañeros médicos y al personal que esté allí: “Tenemos que santificar estas cosas”. También hay que amar y trasladar a nuestros compañeros la necesidad de ayudar a las personas que atendamos enseñándoles a digerir el dolor, a amar el dolor y a ofrecerlo al Señor. Pide muchas oraciones a los enfermos, que son muy valiosas, y sirven para mantener a la Iglesia en pie de guerra; pie de guerra de paz y de alegría. Prepárate bien profesionalmente. (…) Procura llevar el ambiente de la Obra a Mondragón y a todos los sitios. (…) Trata con mucho cariño a todas las personas para que tú seas un foco de luz.
6. Cristina Aubá, cirujana plástica de la Clínica:
(…) Por eso es bueno que —desde luego— cuidéis el aspecto pero también que cuidemos el aspecto del alma. Y que seamos mujeres y hombres que aman los sacramentos, que son las huellas del paso de Jesucristo por esta tierra. No tengamos miedo en hacer un apostolado de los sacramentos y —concretamente— de la confesión y de la eucaristía. La confesión es muy importante, hijos míos. Es ese Dios que ha ido a la Cruz y, como decía san Josemaría, está con los brazos extendidos, no para fastidiarnos sino para decir: “Aquí abro mis brazos y os puedo acoger a todos, como al hijo pródigo”. Y san Josemaría, que era consciente de que también era pecador, decía: «Yo hago todos los días muchas veces de hijo pródigo; cuando me doy cuenta de que tengo un error o podía haber sido más generoso, voy a pedirle perdón». (…) Tú, con tu profesión, afina para no exagerar en gastos. No digo que no os cuidéis, pero que sea el gasto de una persona responsable. Vamos a esforzarnos todos para que el aspecto externo sea reflejo de un aspecto interno que dé alegría, que dé a Dios la gloria que debemos dar.
7. Verónica Machado, 5º de Medicina en la Universidad de Navarra, de Ecuador:
8. Francisco Guillén, especialista en Medicina Preventiva, padre de 3 hijas, de Murcia:
(…)
Que conste que con crisis y sin crisis tenemos que hacer las cosas muy
bien para que desde la Clínica y desde todos los lugares de la
Universidad, desde todos los sitios, se alce un ofrecimiento a Dios que
sea —dentro de nuestra limitaciones— lo más perfecto posible. (…) Yo os
pido una cosa: rezad por la gente que está en el paro, por la gente que
no tiene trabajo. Tenemos que acompañarles en esa tragedia. (…) Hijos
míos: en estos momentos de crisis no podemos vivir ‘yo a lo mío y a los demás que les parta un rayo, no’.
(…) En este tiempo de crisis, también debemos agudizar la mente, la
cabeza, para ver cómo podemos colaborar para que la Clínica pueda salir
adelante, pueda seguir dando la atención que está prestando y que
incluso se extienda mucho más.
(…) ¿Yo qué espero para los 50 próximos años? Os pido que recemos para que no desencantemos al Señor. (…) Es completamente necesario que se nos meta en la cabeza que la santificación de la vida ordinaria pasa por la santificación del trabajo. Eso es lo que tenemos que hacer, santificar cada día el trabajo y así en la Clínica llegaremos mucho más lejos, a muchas más personas, y —sobre todo— daremos más gloria a Dios.
Almudí
El Prelado del Opus Dei se reunió con una nutrida representación de profesionales del centro hospitalario, y durante la tertulia pidió a los presentes oraciones por los pastores de la Iglesia y la voluntad de «afrontar la realidad con optimismo sobrenatural».
Respondió así a varias preguntas.
1. Alicia Garísoain, madre y abuela, con varios casos de cáncer curados en su familia:
“Aun
aceptando el dolor, cuesta entender por qué nos lo envía Dios. Si me lo
hubiera pedido directamente, quizás le hubiese dicho que no”
Me
da mucha alegría que percibas que en la Clínica se pone en práctica lo
que san Josemaría predicó y vivió desde que era muy joven: ver a Cristo
en los enfermos. Por eso, si te lo hubiese pedido Dios directamente, le
habrías dicho que sí, porque era Cristo quien te lo pedía y extendía las
manos diciendo “ahora necesito tu dolor y tu sacrificio”. (…) el
Dios perfecto, el Padre amorosísimo —que no tiene dimensión en la
tierra que pueda abarcar ese amor del Padre por su Hijo— lo entregó para
que fuera a la Cruz. Porque el dolor es la prueba más clara y el
testimonio más evidente del amor (…) Tú has hecho generosamente con tus
hijos ese ofrecimiento del cáncer. Te recomiendo, que de la misma manera
que has amado con toda tu alma a tu marido y lo sigues haciendo ahora,
dialogues con él. Que tengas presencia de Dios hablando con tu marido
porque, como decía san Josemaría, los amores buenos, grandes, que se
tienen en la tierra no se acaban cuando uno se marcha. (…) Por tanto,
como dijo san Josemaría, el dolor hay que evitarlo y si no se puede, hay
que ofrecerlo.2. Teresa Llácer, enfermera supervisora de hospitalización quirúrgica de la Clínica:
“¿Cómo
hacer para vivir y transmitir la importancia de la delicadeza con los
pacientes y para mantener ese tono de excelencia en los cuidados, a
pesar de las dificultades?”
San
Josemaría, una de las primeras cosas que dijo a aquellos médicos y
enfermeras que emprendieron esta tarea (la Clínica) fue: «Tratad con
mucho respeto el cuerpo de los pacientes; que noten perfectísimamente
que estáis atentas para no superar lo que es su intimidad. (…)», de forma que el enfermo o la enferma piense: No
soy una cosa, soy una persona, y ahora que estoy necesitado de cuidados
atentos, me tratan como lo que soy, con un respeto a mi vida, a mi
cuerpo y a mi intimidad. Pues seguid haciéndolo así. Y me preguntas que cómo hacer para mantener ese nivel alto. Os recomiendo que leáis el Evangelio, pero como decía san Josemaría, «viviéndolo». Y ahí os daréis cuenta de la grandeza y misericordia de Dios, que no solamente ha querido tomar nuestros cuerpos, nuestra naturaleza, sino que además también se cansaba, también se sentía sólo, también lloró. Pues cuando os veáis en un momento de cansancio (…) enfrentaos con él y decidle: Señor, que yo trate a este paciente —o a estos pacientes— como tú lo harías. Es lo que hizo san Josemaría cuando se encontró con almas necesitadas. Dijo concretamente: «Tengo que tratar a esta persona como lo haría Cristo».
3. Álvaro Ruiz Zambrana, ginecólogo y padre de 4 hijos:
“Trabajo
mucho en lo que me gusta y dedico el tiempo del que dispongo a mi
familia. A pesar del gran engranaje que hace mi mujer, acabamos agotados
¿Cómo compaginar trabajo y familia y hacer ambas cosas bien?”
Me
produce mucha alegría que estés enamorado de tu trabajo porque es la
ofrenda que puedes hacer todos los días al Señor, uniéndolo al
sacrificio del Altar. (…) te aconsejo lo que decía san Josemaría a
tantas hijas y a tantos hijos suyos: que tengas en la mesa de trabajo
una fotografía de tu mujer y de tus hijos, y que les digas: “Voy a trabajar haciéndolo bien, pensando en que esta oración que dirijo al Señor por el trabajo la hago por vosotros”.
Y después, cuando lleguéis cansados, no os quejéis, que no se convierta
la casa en un lamento continuo, al contrario. (…) Y que cuando estéis
juntos os preguntéis con interés “¿qué has hecho?”. Con el mismísimo interés de cuando os conocisteis. (…) Es tan estupenda la situación de quien ama a Dios, que nunca se queda a solas; siempre está con Dios Padre, con Dios Hijo, con Dios Espíritu Santo y con todas sus hermanas y sus hermanos, que son la humanidad. Hay que rezar todos los días por toda la humanidad y pensar delante de Dios: ¿Qué he hecho hoy para quitar un poco de las penas, de los dolores, y para compartir las alegrías de todos? Vivid así llevándolo a vuestro hogar. Que estéis muy unidos los dos y que vuestro hijos aprendan a querer por el cariño que os tenéis vosotros dos.
4. Camino Pérez, en el Servicio Limpieza de la Clínica desde hace 10 años:
“Desde
nuestro trabajo ¿qué podemos hacer para propiciar ese ambiente familiar
y no perder nunca ese espíritu de servicio a los demás en una sociedad
tan competitiva como la que vivimos?”
(…)
San Josemaría, nos repetía que el Opus Dei quiere ser una prolongación
de la casa de Nazaret, donde no se conjugaba el yo sino el vosotros.
Y podéis imaginaros a Jesús, a María y a José, cada uno muy pendiente
de los otros dos. Aquello ya era un anticipo del cielo. Lo mismo deben
ser los lugares de trabajo. Debemos estar convencidos de que hemos de
llevar ese ambiente de familia, ese ambiente de que los demás no nos
pueden resultar indiferentes, a los lugares donde trabajamos. (…) Vive
esa intimidad de familia en el ambiente donde trabajes. Y seguid
trabajando con ese empeño, porque haciéndolo como lo que es la Clínica y
lo que es la Universidad —vuestro hogar— dais luz y hacéis que luzca
más el amor de Dios, que ha querido servirse de la Obra para que muchas
personas se acerquen al Señor. Al mismo tiempo os vuelvo a insistir: leed el Evangelio, pero viviéndolo. (…) Quiere mucho a tus colegas y trátalas muy bien. Y te diré que en una clínica, una mujer del Opus Dei que se ocupaba también de la parte de la limpieza, fue la que consiguió que un hombre que estaba totalmente despegado y alejado del Señor, viendo el amor que ella ponía en ese trabajo material, tuviera un cambio y terminara su vida acercándose a Dios.
5. María Fernández, termina la especialidad de Digestivo y empieza en un hospital de Mondragón:
“¿Cómo
puedo ayudar a los pacientes y a mis compañeros de trabajo a digerir
bien situaciones difíciles como es la enfermedad, a darle sentido y a
acercarles más a Dios?”
Qué
cantidad de cosas buenas podemos hacer —cada mujer y cada hombre— si
sabemos querer. San Josemaría escribió algo que había puesto en sus apuntes íntimos en los años 30, diciendo: «Señor, enséñame a amar».
Pues pidamos todos los días que nos enseñe a amar. Pero no solamente al
Señor —que se lo debemos— que nos ha creado para a amar y alabar a
Dios, sino también para que amemos a las demás personas, porque son
criaturas en quien Dios ha puesto sus complacencias. (…) Lo decía muy bien el queridísimo don Álvaro del Portillo: «Cuando se ama, se habla de lo que se tiene dentro, con naturalidad». Pues habla de la vida cristiana y diles a tus compañeros médicos y al personal que esté allí: “Tenemos que santificar estas cosas”. También hay que amar y trasladar a nuestros compañeros la necesidad de ayudar a las personas que atendamos enseñándoles a digerir el dolor, a amar el dolor y a ofrecerlo al Señor. Pide muchas oraciones a los enfermos, que son muy valiosas, y sirven para mantener a la Iglesia en pie de guerra; pie de guerra de paz y de alegría. Prepárate bien profesionalmente. (…) Procura llevar el ambiente de la Obra a Mondragón y a todos los sitios. (…) Trata con mucho cariño a todas las personas para que tú seas un foco de luz.
6. Cristina Aubá, cirujana plástica de la Clínica:
“Me
gustaría saber, Padre, ¿qué debemos hacer para ser conscientes cada día
de que con lo que uno hace está transformando el ambiente que a uno le
rodea?”
No
penséis que la santidad está en cosas extraordinarias o en hacer
milagros que no podemos hacer las mujeres y los hombres, sino en el
milagro de santificar cada momento. (…) Por eso es bueno que —desde luego— cuidéis el aspecto pero también que cuidemos el aspecto del alma. Y que seamos mujeres y hombres que aman los sacramentos, que son las huellas del paso de Jesucristo por esta tierra. No tengamos miedo en hacer un apostolado de los sacramentos y —concretamente— de la confesión y de la eucaristía. La confesión es muy importante, hijos míos. Es ese Dios que ha ido a la Cruz y, como decía san Josemaría, está con los brazos extendidos, no para fastidiarnos sino para decir: “Aquí abro mis brazos y os puedo acoger a todos, como al hijo pródigo”. Y san Josemaría, que era consciente de que también era pecador, decía: «Yo hago todos los días muchas veces de hijo pródigo; cuando me doy cuenta de que tengo un error o podía haber sido más generoso, voy a pedirle perdón». (…) Tú, con tu profesión, afina para no exagerar en gastos. No digo que no os cuidéis, pero que sea el gasto de una persona responsable. Vamos a esforzarnos todos para que el aspecto externo sea reflejo de un aspecto interno que dé alegría, que dé a Dios la gloria que debemos dar.
7. Verónica Machado, 5º de Medicina en la Universidad de Navarra, de Ecuador:
“A
los 12 años tuve cáncer. Me trataron en la Clínica y decidí estudiar
Medicina aquí. Pero los malos momentos se olvidan y también a valorar lo
esencial ¿Cómo puedo seguir valorándolo?”
(…).Cuando
la situación aprieta somos capaces de muchos sacrificios y cambios. (…)
El Señor quiere que nos demos cuenta de que en los tiempos de alegría,
cuando nos encontramos fuertes, son también tiempos de Dios. Y es muy
importante que, al final del día, en ese examen que debemos hacer,
veamos cómo hemos amado a Dios y cómo podíamos haberle amado más; y cómo
queremos corregirnos en aquellas cosas en las que no hayamos amado como
debíamos. Pues al llegar a este examen tú y todos debemos pensar: ¿Qué
podía haber hecho yo para ser enteramente una mujer que lleva en el
alma aquella definición que estudiábamos en el pequeño catecismo hace
muchos años?: “¿Qué quiere decir cristiano?” Cristiano quiere decir
hombre —o mujer— de Cristo. La gente tiene que notar en tu
comportamiento a Cristo que pasa. Y para eso, es lógico que sepamos dar
un manotazo a lo que sea frívolo, a lo que nos pueda apartar de ese ‘movernos en la presencia de Dios’;
a que no tratemos las cosas con la soltura y desparpajo de quien no le
importa que Dios se quede un poco triste porque no le correspondemos. Te
diré que san Josemaría puso en su habitación, para vivirlo, en unos
azulejos encima de la embocadura de una puerta: “Aparta Señor, de mí, lo que me aparte de ti”. (…)8. Francisco Guillén, especialista en Medicina Preventiva, padre de 3 hijas, de Murcia:
“La
Clínica es ahora como una barca en medio de la tempestad de la crisis
¿Qué debemos hacer? Y al terminar la crisis ¿hacia dónde debería ir la
Clínica en los próximos 50 años?”
(…) ¿Yo qué espero para los 50 próximos años? Os pido que recemos para que no desencantemos al Señor. (…) Es completamente necesario que se nos meta en la cabeza que la santificación de la vida ordinaria pasa por la santificación del trabajo. Eso es lo que tenemos que hacer, santificar cada día el trabajo y así en la Clínica llegaremos mucho más lejos, a muchas más personas, y —sobre todo— daremos más gloria a Dios.
Almudí
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