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viernes, 27 de diciembre de 2013

Gallardón: «La ley del aborto es la más progresista del Gobierno»

   
   Satisfecho con la reforma de la ley del aborto, que en breve iniciará su tramitación parlamentaria, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, defiende, por convicción, un texto que para él supone, junto con la ley de Educación, uno de los dos grandes logros de lo que llevamos de legislatura. 
Consciente de las críticas que está suscitando este anteproyecto, ve espacio para el acuerdo parlamentario, pero advierte de que el Gobierno no cambiará los principios que inspiran la ley ni tampoco los supuestos en los que el aborto será legal: eso es irrenunciable, dice.

-¿Se esperaban las críticas a la reforma de la ley del aborto?
-Sí, sabemos que hemos hecho algo sin precedentes en las últimas décadas en Europa, que es acabar con el mito de la presunta superioridad moral de la izquierda. La izquierda está acostumbrada a que cuando pierden las elecciones y gobiernan los partidos populares éstos gestionen de forma distinta, pero sin modificar aquellas leyes sobre las que la propia izquierda cree que tiene el monopolio de la legitimidad. Entre ellas estaba la ley del aborto. Hacer una defensa de avance, de progreso, en defensa de la vida, frente al retroceso que dignificó en la defensa de esos derechos la ley de 2010, es algo que la izquierda estaba convencida de que no íbamos a hacer en esta legislatura y le produce, además de una irritación política, un quebranto ideológico, porque saben que tendrá continuidad en otros países. Esta es la ley más avanzada y progresista que hemos hecho desde el Gobierno.
-Se les ha acusado de un retroceso respecto a otros países europeos, como Alemania o Francia...
-Lo que hemos hecho es un avance sustancial, de acuerdo con nuestra Constitución, que establece el derecho a la vida, y con el Tribunal Constitucional, que hasta en tres sentencias interpretó con rotundidad cómo tenía que gestionarse ese conflicto entre el bien jurídico que es el concebido y los derechos de la mujer. Dicho eso, quiero recordar que la semana pasada el Parlamento Europeo rechazó la propuesta de una diputada socialista portuguesa que pretendía recuperar ese concepto antiguo y superado de considerar el aborto como un derecho y no como un drama que debe ser regulado por el legislador. Nosotros hemos hecho la primera legislación que está en consonancia con el pensamiento mayoritario de los ciudadanos europeos, con lo que ha expresado su Parlamento, y estoy convencido de que esta iniciativa tendrá continuidad en otros parlamentos de otras naciones europeas. El Grupo Parlamentario Popular me ha pedido que en febrero me desplace a Bruselas para explicarles el proyecto, los fundamentos, el trabajo de elaboración del mismo desde una posición de plena y absoluta coincidencia con el mismo.
-Desde su partido se insiste en que buscarán puntos de encuentro con otras fuerzas parlamentarias para sacar adelante este proyecto con el mayor consenso posible. ¿Hay margen para el cambio?
-Siempre la tramitación parlamentaria busca mejorar los proyectos. Pero digo una cosa con rotundidad: este es un proyecto muy pensado y muy elaborado, y el Gobierno, antes de aprobarlo en el Consejo de Ministros, ha delimitado claramente los principios que informan el mismo, y esos principios no son renunciables, porque sería ir en contra de aquéllo que nos ha movido a aprobar este proyecto de ley. Que hay algunos aspectos susceptibles de mejora en la tramitación, ojalá que sea así. Que no se va a renunciar a ninguna de las conquistas en defensa de los de los derechos que ella recoge, se lo garantizo como ministro.
-¿Tendría cabida por ejemplo el tercer supuesto que contemplaba la ley del 85, el de malformaciones graves?
-No, entre otras cosas porque hay un requerimiento formal de la ONU para que España derogara el artículo que se refiere a la discapacidad en la ley Aído. Sería absolutamente contrario no solo al convenio de Naciones Unidas, sino a cualquier principio elemental de defensa de la dignidad de la persona, el establecer niveles de protección en función de la capacidad o discapacidad de las personas, porque si eso se hace con los concebidos, ¿qué impide que en un momento posterior otra legislación lo haga extensible a los que ya han nacido? No se puede decir que un no nacido, por tener alguna discapacidad, tiene menos derecho a la protección de su vida que la de un concebido sin discapacidad. Por eso nuestro proyecto de ley centra en la despenalización del aborto en el quebranto psicológico que ese u otro hecho puede causar en la mujer, y es un principio fundamental que si todos los seres humanos son iguales, los concebidos tienen que ser iguales también y tener el mismo nivel de protección.
-Usted ha dicho que no puede establecerse una distinción entre embriones de primera y de segunda. ¿No se establece esta distinción cuando se diferencia entre los concebidos como consecuencia de una violación, casos en los que se permite el aborto, y aquéllos con malformaciones graves, en los que está penado?
-En el caso de la violación ha habido un ataque a la libertad sexual de la mujer y, por lo tanto, los poderes públicos no pueden penalizar la decisión de no continuar con ese embarazo. Aunque se contempla específicamente ese supuesto la razón ética que lo justifica no es ninguna minusvaloración de ese concebido, sino el que su continuidad genere un quebranto psicológico irrecuperable en la mujer. Y ese mismo principio es el que informa toda la ley. El aborto no es un derecho, pero tampoco estará penalizado cuando entre en conflicto con derechos fundamentales de la mujer, que tendrá que acreditar ese conflicto. Lo que sí hace la ley es una presunción de que cuando el embarazo es fruto de un ataque a la libertad sexual de la mujer ese conflicto psicológico va a existir, pero la justificación a ese conflicto es el daño a la mujer.
-¿No teme el Gobierno que, como sucedió con las clínicas abortistas, haya una red de médicos dispuestos a firmar por convicción el informe que les pongan delante?
-Todos somos conscientes de que la ley del 85 no se aplicó como quiso el legislador, ni el TC porque hubo muchos mecanismos de vulneración. Nosotros hemos introducido mecanismos de control, como la prohibición de la publicidad sobre clínicas abortivas, que tengan que ser dos especialistas los que firmen el mismo dictamen clínico, y que nunca los especialistas que emitan el informe tengan relación laboral con la clínica en la que se vaya a interrumpir el embarazo.
-¿Permitirá su partido la libertad de voto cuando se apruebe esta ley? Hemos visto la reacción de la delegada del gobierno en Madrid, manifestándose en contra de la reforma...
-La reforma de la ley era un compromiso del PP que tiene su primera construcción intelectual en el recurso que se interpuso ante el TC contra la ley de 2010. Luego se plasmó en el programa electoral del PP, lo que significa que todos los que fuimos candidatos en las últimas elecciones no solo leímos, sino que asumimos como propio. Cualquier miembro del partido que aceptase ocupar un cargo electo o de responsabilidad sustentado en ese contrato que firmamos con los ciudadanos no puede decir ahora que tenía reserva mental sobre alguna de las partes de ese programa, y por tanto creo que todos estamos obligados a cumplir ese contrato que firmamos con los ciudadanos.
-Si no quiere no me conteste, pero si usted hubiera sabido que su mujer iba a tener un hijo con graves malformaciones no incompatibles con la vida, ¿habrían seguido adelante?
-Sí, sin dudarlo. Y es una opción, una convicción personal. No puedo dejar de recordar a una persona que a lo largo de mi vida más me ayudó a conformar mi pensamiento en relación con relación al tema del aborto: fue Federico Carlos Sainz de Robles, que fue presidente del Tribunal Supremo y que tenía una situación en su familia que corresponde a la pregunta que usted me ha hecho. Alguna vez le pregunté por esa situación y lo que él me dijo fue que nada en su vida había cohesionado más a su familia y había dado más sentido a su vida que la dedicación que desde el día que nació tuvo hacia aquel hijo suyo con aquellas carencias.
-¿Defenderá personalmente Rajoy esta reforma en Europa?
-Sin duda. Mire, por muy convencido que esté un ministro de una iniciativa es imposible que la saque adelante sin el apoyo de su presidente. Este Gobierno, en estos dos años, ha abordado dos materias que son determinantes para acabar con esa limitación de derechos y posibilidades de progreso que la izquierda había impuesto en los últimos años: la ley de educación y la ley del aborto. Le puedo asegurar que frente a los tormentas mediáticas y exageraciones dialécticas que caracterizan a la izquierda, si ambos ministros hemos sido capaces de sacarlo adelante es porque tenemos el respaldo de nuestro presidente, que, en contra de lo que algunos critican, ha demostrado ser un presidente con convicción, con coraje y con capacidad de decisión.
abc

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