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viernes, 8 de enero de 2010

Lejos de los reflectores

martes, 05 de enero de 2010
Diego Contreras



LaIglesiaEnLaPrensa.com
La noticia de la visita del secretario personal del Papa, mons. Georg Gänsweins, a la joven con problemas psíquicos que provocó la caída del Pontífice en la pasada misa del gallo, hubiera pasado inobservada de no ser por la locuacidad de algunos usuarios de la sección de urgencias del hospital de Subiaco, donde la chica recibe tratamiento médico (voluntario).
A pesar de la discreción de la visita, que tuvo lugar el 31 de diciembre, el hecho fue publicado ayer por un diario romano y confirmado hoy con pocas palabras por el director de Almudi.org - Diego Contrerasla Oficina de Prensa de la Santa Sede.
Me ha parecido un gesto de gran finura que el Papa no haya hecho ninguna referencia pública a todo este episodio, que —teniendo en cuenta su edad— le podía haber costado alguna lesión (como ocurrió a uno de los acompañantes en la ceremonia, el cardenal Etchegaray —87 años—, que sufrió una fractura de fémur, de la que se recupera).
Posiblemente, lo último que necesita la chica son los reflectores de la curiosidad pública. En este sentido, me parece un poco absurdo el debate sobre si el Papa ha perdonado o no: tratándose de una persona enferma, con el sentido de responsabilidad mermado, el interés del Papa es la salud de la muchacha.
Todo esto me ha recordado las palabras que Benedicto XVI pronunció hace unas semanas, durante el tradicional homenaje a la Inmaculada, en la Plaza de España. Copio un fragmento, pero vale la pena leer en texto (que es breve) por completo:
"En la ciudad viven o sobreviven personas invisibles, que de vez en cuando saltan a la primera página de los periódicos o a la televisión, y se las explota hasta el extremo, mientras la noticia y la imagen atraen la atención. Se trata de un mecanismo perverso, al que lamentablemente cuesta resistir. La ciudad primero esconde y luego expone al público. Sin piedad, o con una falsa piedad. En cambio, todo hombre alberga el deseo de ser acogido como persona y considerado una realidad sagrada, porque toda historia humana es una historia sagrada, y requiere el máximo respeto".

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