Quizá nadie como esos presos entienda el sentido del
sacrificio de Cristo, que se entrega a sí mismo a la cruz, a pesar de
ser inocente, a cambio de liberarnos a cada uno de nosotros de nuestros
pecados y de la muerte. La falta de conciencia del propio del
pecado, nuestra frivolidad y la rutina impiden que asumamos que la
Pasión y Resurrección nos afectan de lleno porque nos abren las puertas
de la cárcel y nos invitan a disfrutar de la alegría de la liberación,
de la realidad de que el mal, la miseria humana y la muerte han sido definitivamente vencidos en la Pascua.
En el mensaje para la XXVII Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI ha recordado a los jóvenes que «nuestro corazón está hecho para la alegría». La fuente de la alegría es Dios mismo, prosigue el Papa:
»el valor y el sentido profundo de nuestra vida está en el ser aceptados, acogidos y amados por Él, y no con una acogida frágil como puede ser la humana, sino con una acogida incondicional como lo es la divina: yo soy amado, tengo un puesto en el mundo y en la historia, soy amado personalmente por Dios».
Vana sería nuestra fe si Cristo no hubiera resucitado,
asegura san Pablo. Pero ha resucitado y se queda con nosotros en la
Eucaristía y en la comunidad de los creyentes, que es la Iglesia. Es
causa de alegría eterna porque, siguiendo con Benedicto XVI, «un
cristiano nunca puede estar triste porque ha encontrado a Cristo, que ha
dado la vida por él». Por eso el llamamiento final del Papa a
los jóvenes es que sean «misioneros de la alegría», es decir testigos de
la Resurrección y mensajeros de Cristo que nos ha liberado para siempre.
PROFESIONALES POR LA ÉTICA
En esa alegria vengo a decirte: feliz Pascua de Resurrección!!
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