Estos son algunos consejos extraídos del libro Indistractable, de Nir Eyal.
Cuando nos tienta la distracción, no debemos atacarla de frente: eso puede hacer que fijemos la atención en ella y empecemos a obsesionarnos aún más con lo que nos apetece hacer.
Más bien, hay que identificar qué emoción desató el deseo y observarla –según la recomendación del monje budista– como quien mira a sus ovejas (o sus cabras): con curiosidad y a distancia, sin enfado. Después hemos de anotar esa emoción (enfado, celos, aburrimiento, soledad, etc.) y la distracción que nos tienta. Así, uno puede acabar sabiendo que cuando me siento solo, tiendo a ir a la nevera a buscar comida.
