Es más habitual de lo que pensamos ver a padres que pretenden decir a los profesores cómo deben enseñar o incluso puntuar la asignatura
La familia y la escuela tienen un papel fundamental en la educación de los niños. Por eso debe existir una comunicación ágil y fluida entre ambas partes. Siendo padres y profesores tan importantes, cabe preguntarnos cuál debe ser su relación y cómo se deben entender para lograr el objetivo común de educar.
No hay que olvidar que en el colegio los niños deben cumplir las normas de la escuela mientras que en casa son los padres los que las establecen. Son dos ámbitos diferentes en los que se debe perseguir un mismo fin. «Es una relación compleja, no es fácil, tal y como ocurre con la propia educación», reconoce a ABC Sonia García, portavoz de la Asociación Nacional de los Profesionales de la Enseñanza, (ANPE).
Inger Enkvist, catedrática de español en la Universidad de Lund (Suecia), se ha convertido en un referente de la resistencia a la Nueva Pedagogía, que prioriza los métodos de trabajo y el bienestar afectivo de los estudiantes sobre la adquisición de conocimientos.
En el libro-entrevista Controversias educativas, recién publicado por Ediciones Encuentro, conversa con la periodista Olga R. Sanmartín sobre las implicaciones de esta forma de concebir la enseñanza. He aquí algunas de sus afirmaciones.
En el rendimiento académico de los estudiantes influyen múltiples factores. Según los expertos, el más relevante, de los que son modificables por las políticas educativas, es la preparación del profesorado. Y los países con mejores resultados lo saben. ¿Qué se puede aprender de ellos?
Con frecuencia, la reforma del profesorado ha sido el patito feo de las políticas educativas, aunque su importancia resulta cada vez más evidente. La OCDE publicó hace unos meses el informe Effective Teacher Policies, que trata de aclarar qué medidas dedicadas a la capacitación de los docentes resultan eficaces; es decir, cuáles tienden a elevar los resultados de los estudiantes en las pruebas PISA.
Alemania necesita maestros. Los necesita ya, ahora mismo, pero no se recogen de los árboles: formarlos lleva mucho tiempo, y en parte por eso no hay los suficientes en este momento. Según los sindicatos, faltan 40.000.
Lo dicen ellos, pero no solo. “El comienzo del año escolar en muchos de los estados ha demostrado que nuestro país está en peligro de entrar gradualmente en una emergencia educativa”, afirma Volker Kauder, jefe del grupo parlamentario de la CDU/CSU y mano derecha de la canciller Angela Merkel, citado por Deutsche Welle.
A Ricardo Moreno le sobraron 5 minutos −vale la pena escucharlo entero− con un discurso basado en el sentido común.
El pasado 26 de febrero, el programa Chester in Love de Cuatro, que presenta Risto Mejide, abordó el tema de la educación. Una de sus invitadas fue la actriz Eva Hache, bien conocida de los telespectadores españoles porque tras ganar en 2003 el certamen de monólogos de El Club de la Comedia ha trabajado en diversos programas de Telecinco y laSexta, además de interpretar papeles, siempre de vis cómica, en cine y teatro. En 2012 y 2013 fue la presentadora de la gala de entrega de los Premios Goya del cine español.
No sorprende que su discurso en materia educativa respondiese a los estándares progresistas de la corrección política: criticó los exámenes y el sistema educativo porque "enseñamos a los niños a hacer lo que les digan": "Estamos creando gente sumisa, estamos creando esclavos". Con respecto a la polémica que se ha alimentado en España en los últimos meses sobre si los niños se llevan a casa demasiados deberes escolares, bromeó al afirmar: "Mi hijo ya no tiene deberes porque hemos amenazado a los profesores". Frase que generó gran controversia en las redes sociales y ataques a la actriz porque inicialmente fue difundida por el programa sin incorporar el matiz humorístico.
Pero el gran protagonista de la noche fue Ricardo Moreno, el profesor de matemáticas jubilado a quien introdujo Risto Mejide en el plató para dar la réplica a Eva Hache. "Nuestro sistema educativo se basa en el engaño", empezó Moreno, "porque nunca habla ni del esfuerzo, ni del trabajo ni del conocimiento. Lo envuelve en destrezas, espíritu crítico, creatividad. Pero el espíritu crítico, sin conocimiento, es charlatanería. Un fanático es un ignorante lleno de espíritu crítico".