Desde pequeño, el estudiante escucha con frecuencia el credo del científico: para dar por buena una hipótesis, hay que comprobar que se cumple en el mundo real; y para eso hacen falta datos. Cuantos más, mejor. Pero, como explica Gary Smith en Bloomberg Quint, recopilar grandes conjuntos de datos no siempre trae más certezas.
El desarrollo tecnológico del último siglo ha facilitado la tarea de acceder a los datos, acumularlos y compararlos. Gracias a la inteligencia artificial, en este último paso se ha experimentado un salto cuantitativo sin precedentes. La investigación debería de ser hoy más precisa y fiable que nunca. Sin embargo, no es esto lo que percibe Smith, un profesor de economía que se ha hecho famoso por destapar las vergüenzas de la ciencia de datos.

