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miércoles, 20 de noviembre de 2019

Por una educación que dé vida


Escuelas Católicas de España celebró el pasado fin de semana su congreso bianual. En esta XV edición, las ponencias han puesto el foco en el papel del profesor como figura central del aprendizaje.


Entre ponencia y ponencia, el secretario general, José María Alvira, sacó tiempo para hablar con Aceprensa acerca del propio congreso, la situación de la escuela concertada en España y, por supuesto, sobre las polémicas palabras pronunciadas por la ministra de Educación, Isabel Celaá, en la apertura del acto.
La ministra afirmó que “de ninguna manera puede decirse que el derecho de los padres de escoger una enseñanza religiosa o elegir un centro educativo podrían ser parte de la libertad de enseñanza”. Según ella, este derecho no es “emanación estricta de la libertad reconocida en el artículo 27 de la Constitución”. Estas palabras provocaron murmullos de desaprobación en el público asistente.

martes, 15 de enero de 2013

Los colegios católicos de Estados Unidos buscan cómo reconvertirse

   En la última década, los colegios católicos de Estados Unidos –todos privados– han perdido el 25% de su alumnado, y uno de cada cuatro ha tenido que echar el cierre. Ante este panorama, varias diócesis han puesto en marcha iniciativas para optimizar el rendimiento empresarial de sus centros sin perder la identidad católica.

   El número de estudiantes en escuelas católicas (primaria y secundaria) ha pasado de los cinco millones en 1960 (uno de cada diez alumnos) a poco más de dos millones durante el curso 2011-12, apenas uno de cada 30. Actualmente, la plaza en un colegio católico cuesta una media de 5.387 dólares por año (3.673 en educación primaria y 8.182 en la high school). El coste real es mucho mayor: según un estudio de la Asociación Nacional de Educación Católica (NCEA por sus siglas en inglés), lo que pagan las familias solo representa el 62% del coste de una plaza en educación primaria, y un 80% de la de high school –como referencia, el gasto por estudiante en un colegio público fue de 10.615 dólares en 2010–. El resto del dinero lo aportan las diócesis, donantes particulares y también las administraciones.

lunes, 26 de abril de 2010

LA TRAGEDIA DE LA ESCUELA CATÓLICA


De Prada acierta en sus reflexiones sobre el objetivo de la escuela católica en este artículo que acaba de publicar

«COLEGIOS católicos, cantera de líderes», rotulaba ayer este periódico un magnífico -y, acaso sin pretenderlo, estremecedor- reportaje de Blanca Torquemada en el que se desempolva la infancia y adolescencia de diversos dirigentes políticos españoles que estudiaron con curas y monjas. En realidad, el rótulo que mejor hubiese casado con el reportaje hubiese sido: «Colegios católicos, cantera de líderes anticatólicos», a la vista del ganao que en él se concitaba; pero basta el eufemismo de «cantera de líderes» para designar la tragedia de la escuela católica, cuya razón de ser no es otra que la de erigirse en «cantera de discípulos»; y no del liberalismo, ni del socialismo, ni del feminismo, ni de cualquiera de los «ismos» o idolatrías políticas establecidas, sino discípulos de Cristo.

«Dejad que los niños se acerquen a mí», dice Jesús en cierto pasaje muy divulgado del Evangelio; pero cuando se comprueba que muchos niños que pasan por la escuela católica son quienes luego, de adultos, más se alejan de Cristo y más afanosamente trabajan para que otros también se alejen, uno empieza a considerar que tal vez la escuela católica debería empezar a aplicarse la admonición que hallamos en el mismo pasaje evangélico: «Al que escandalizare a uno de estos pequeños, más le valdría encajarse una rueda de molino y arrojarse al mar».

En su reportaje, Blanca Torquemada afirma que las solicitudes de ingreso para los colegios católicos son «aluvión»; y ensalza el «predicamento de los colegios católicos, que consolidaron su prestigio y sus altos niveles de exigencia académica y se mantienen como referente de la educación de calidad en España». Pero si el prestigio de la escuela católica ha de justificarse por su nivel de exigencia académica y por el número de las solicitudes de ingreso es porque ha extraviado su razón de ser; pues, por mucho que fatiguemos el Evangelio, no encontraremos pasaje alguno en el que Cristo hable de exigencia académica o de aluvión de solicitudes. Más bien al contrario, descubrimos que a sus seguidores no los buscó precisamente entre los letrados; y, desde luego, tampoco puede decirse que hubiera un «aluvión de solicitudes» para incorporarse al número de sus discípulos.

Una escuela católica en la que escasearan las solicitudes de ingreso y donde la exigencia académica fuese más bien escasa tendría razón de ser, con tal de que fuera verdadera «cantera de discípulos»; en cambio, una escuela católica convertida en cantera de líderes anticatólicos que luego se dedican a combatir el Evangelio de Cristo en la política, los medios de comunicación, la cultura o la empresa carece de razón de ser, por mucho que la desborden las solicitudes de ingreso y por elevada que sea su exigencia académica. Si la sal se vuelve sosa, ¿quién podrá salar el mundo?

El reportaje de Blanca Torquemada incluye declaraciones de los religiosos que se encargaron de la formación de estos líderes anticatólicos ante las cuales uno no sabe si reír (con una risa nerviosa y mohína) o llorar (con lágrimas como las de Getsemaní). La monja que enseñó Religión a Bibiana Aído, por ejemplo, asegura que la ministra que compara ponerse tetas con abortar y niega la pertenencia al género humano de los niños que se gestan en el vientre de sus madres quiere a las monjas con las que estudió «algo exagerao»; y que »los valores de la familia de Nazaret fueron el fundamento de su educación, y eso queda». Como hemos de suponer que la hermana en cuestión no es una cínica, tenemos que concluir que vive en la inopia. Que es, exactamente, lo contrario de lo que se nos reclama en el Evangelio: «Estad despiertos y vigilantes». Pero sospecho que la escuela católica lleva mucho tiempo viviendo como las vírgenes necias de la parábola; y así se ha convertido en cantera de líderes anticatólicos.

Juan Manuel de Prada
ABC