Algunos Padres pensaron que Jesús se fue a orar con los mismos testigos de Getsemaní, donde también se durmieron, para que el recuerdo de esta gloria que envuelve ahora a Jesús les sostuviese en el escándalo de la agonía.
La presencia de Moisés y Elías conversando con Jesús sobre su muerte, les proporciona una prueba suplementaria de su divinidad. Lo que el pasado de Israel tenía de más divino, se inclinaba ante Jesús prestándole homenaje. Luego una nube cubrió y llenó de espanto a los discípulos que sabían cómo en el desierto del Sinaí una nube cubría también el Tabernáculo mientras la gloria de Dios penetraba en él (Ex 40,43) Esta presencia de dios en medio de su pueblo aparecía ahora otra vez, confirmando que Jesús era el Hijo de Dios al que debían escuchar. Ellos fueron testigos oculares de todo esto.










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