Nos reunimos hoy para acoger la Palabra de Dios, que este domingo se nos presenta con la fuerza y la belleza de una gran fiesta. La liturgia de este domingo presenta la salvación como un banquete real, símbolo de todos los bienes, al que Dios nos invita.
“Preparará el Señor de los
ejércitos para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares
suculentos... Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los
pueblos... Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las
lágrimas de todas las gentes” (1ª lectura). Desde antiguo, y mediante símbolos
fácilmente comprensibles, los Profetas habían anunciado el Cielo como destino
definitivo de la humanidad.













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