El monumento del Sagrado Corazón en Bilbao, y su simbolismo, fue protagonista anticipado del llamamiento a ‘abrir las puertas a Cristo’, y no excluir su presencia y valores de nuestro vivir cotidiano
La foto que encabeza este artículo no es composición gratuita de su autor, sino imagen real fotografiada por él y vista cientos de veces. Por encima del letrero luminoso del autobús municipal 56 donde se lee “Sagrado Corazón”, puede distinguirse la estatua erigida en su honor, en 1927, al final de la Gran Vía de Bilbao; da nombre a la glorieta, una cabecera del recorrido.
Desde sus 40 metros de altura, representa a Cristo que, con la mano izquierda junto a su Corazón, bendice con la otra al mundo entero. Hoy, este “enlace” podría simbolizar su bendición a cuantos embarcados en el autobús de la vida hacemos su travesía terrena. Es como si viajara con nosotros y dijese a cada uno: “No me quedo lejos, en las alturas, sino que te ofrezco mi compañía para hacer contigo el recorrido de tu vida”.