El pasado 22 de agosto, antes de la audiencia general de los miércoles, el papa Francisco recibió a los cerca de 150 participantes en el simposio organizado por la International Catholic Legislators Network, con el tema central de la libertad religiosa -“fundamental y actual”, a juicio también del pontífice.
En su alocución, les previno contra “dos ideologías opuestas pero igualmente peligrosas: el relativismo secularista y el radicalismo religioso -en realidad pseudo-religioso”.
Lógicamente, el papa se remitió al Concilio Vaticano II, que profundizó en la doctrina tradicional para cimentar un concepto moderno de libertad, indispensable para impulsar la vida cristiana y la acción evangelizadora. Un gran documento fue la declaración Dignitatis humanae.
