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lunes, 31 de enero de 2011

El documental “Sueños de Haití” muestra la luz entre la tragedia

   Un año después del terremoto que devastó Haití, en esta isla del Caribe las cosas no han cambiado mucho. Para comprobarlo, el documental español “Sueños de Haití” muestra escenas de las primeras semanas tras el desastre natural que dejó el país en ruinas.


“No hay comida, ni ropa, ni dinero. No hay nada”.

Miguel Ángel Tobías
Periodista “Sueños de Haití”
“La gente está intentando subirse al camión para coger la comida”.
   Este documental lleva al espectador en medio del caos que padecía Haití mientras las organizaciones de ayuda internacional y las fuerzas militares de Estados Unidos intentaban distribuir ayuda humanitaria.

   En él, algunos ciudadanos de Puerto Príncipe cuentan la tragedia que estaban viviendo. Ponen nombre y rostro a miles de víctimas de las que a menudo sólo se conoce el número. El equipo del documental sigue a tres personas en su lucha para encontrar a sus amigos y familiares perdidos. 

domingo, 25 de abril de 2010

Organizaciones católicas continúan ayudando en la reconstrucción de Haití

La devastación que ha dejado el terremoto de enero en Haití es enorme. Los esfuerzos para reconstruirlo están en marcha, pero durarán meses, años e incluso décadas.

Jim Cavnar es el presidente del a ONG católica ‘Cross International’, una de las muchas organizaciones sin ánimo de lucro que continúan ayudando a reconstruir el que antes del terremoto era el segundo país más pobre del hemisferio Norte.

jueves, 21 de enero de 2010

¿Estaba Dios en Haití?


¿Estaba Dios en Haití? Por supuesto que sí. Estaba recogiendo las almas de sus hijos atropellados por las fuerzas ciegas de la naturaleza por culpa de un mundo egoísta e inhumano. Estaba saliendo a su encuentro desde el dolor de su propia muerte. Estaba abriendo las puertas de la vida eterna a todos los inocentes privados injustamente de la vida que El mismo les había dado y que nosotros no hemos protegido.

Y está ahora consolando, fortaleciendo, sosteniendo la esperanza de los que han quedado con vida, moviendo nuestros corazones para que les ayudemos ahora, ya que no fuimos capaces de ayudarles antes de manera preventiva. Los haitianos supervivientes que se reúnen en grupos para rezar y pedir la ayuda de Dios son más sabios que nosotros. Saben mejor que nosotros que Dios es siempre fuente de vida y de amor, también en los momentos de tribulación y de muerte.

Sólo podremos librarnos de nuestras culpas aprendiendo la lección y cambiando de conducta en el futuro: Vivamos la fraternidad universal como Dios la quiere, levantemos ahora entre todos un Haití nuevo sobre bases de justicia y de fraternidad, construyamos un mundo justo en el que todos vivamos de una forma semejante, y en el que nadie quede desamparado al alcance de los zarpazos de una muerte prematura e injusta. Este tiene que ser por lo menos el compromiso sincero de los cristianos.

Monseñor Sebastián Aguilar

sábado, 16 de enero de 2010

Llorar y ayudar a Haití


Diario de Teruel
sábado, 16 de enero de 2010
Javier Arnal

Escribo estas líneas cuando las noticias que llegan de Haití son cada vez más estremecedoras. El terremoto que ha sufrido este paupérrimo país ha provocado, según los cálculos que las propias autoridades haitianas nos han transmitido, más de cien mil muertos, especialmente en la capital, Puerto Príncipe.

El terremoto ha tenido su epicentro, con una precisión geológica catastrófica, precisamente en la capital, donde vive casi la mitad de la población de todo el país. Nada parece haberse escapado, ni edificios sólidamente construidos ni chabolas, pero indudablemente los más pobres han sufrido —como siempre— mucho más los efectos devastadores. A nuestro dolor se une una sensación de remordimiento, porque permitimos que haya países en circunstancias miserables y constantes como Haití.

Hay quien piensa que los periodistas perdemos cierta capacidad para comprender y sufrir por los demás, porque nuestro trabajo incluye informar u opinar sobre desgracias y miserias de la humanidad. No comparto esa opinión, o al menos me resisto a aceptarla.

Del mismo modo que los médicos no son impasibles ante el dolor de los pacientes, sino que precisamente el dolor y el sufrimiento les lleva a esmerarse y profundizar en el estudio y el tratamiento de las enfermedades. Un buen médico es quien ve en su tarea un modo eficaz y concreto de aliviar el dolor, la enfermedad, se esmera en su capacitación permanente. Pues, del mismo modo, un buen periodista es quien ante el sufrimiento reacciona e intenta contribuir a paliarlo con su trabajo, a la vez que en ocasiones saca lecciones para su tarea futura.

El caos y la muerte se están cebando en Haití. Cualquier persona con un poco de sensibilidad está horrorizada por las dimensiones de la catástrofe. Pero no debemos quedarnos paralizados: todos lloramos, todos ayudamos ahora a Haití, cada uno como pueda.

La miseria de este país, la carencia de infraestructuras, la insuficiencia hospitalaria, se han puesto ahora más de relieve. Nos duele que ahora caigamos en la cuenta de tanta miseria, pero hemos de traducir los lloros en ayudar ahora a ese país y en sacar la consecuencia de que no puede haber países en el olvido de la miseria, de los que nos acordamos cuando suceden grandes catástrofes. Tampoco debemos olvidarnos los informadores

Ahora urge la reacción inmediata, la que han propiciado las instituciones internaciones, gobiernos y ONG: apertura de cuentas corrientes, envío de personas y equipos… casi de todo tienen ahora necesidad urgente en Haití.

Aquí hablamos y sufrimos la crisis económica, pero los haitianos siempre han vivido la miseria. Tal vez ayudando a Haití aprendamos mucho más sobre nuestra situación, dejemos un poco de mirarnos el ombligo y ese esfuerzo por Haití también contribuya a reconocer nuestros verdaderos problemas, que no tienen una raíz económica, sino de egoísmo materialista. Ahora urge reaccionar y ayudar a Haití. Es el comienzo para aprender algo para el futuro.