En un contexto de tensión y confrontación ideológica, la sosegada voz del conservadurismo se ha convertido, sostiene Gregorio Luri en La imaginación conservadora (Ariel), en una suerte de “heterodoxia”, pero también en una alternativa para recuperar la cordura política.
Le toca de nuevo al conservador capear el temporal de los extremismos y, como antaño, compensar con dosis de prudencia los delirios del progresista y las nostalgias del reaccionario.
