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| El poeta y su mujer ayer en Oviedo |
Adam Zagajewski (Lwów, Polonia/Ucrania, 1945) es hombre de gestos pausados y voz tranquila, bajo los cuales, sin embargo, corre un río de firmes convicciones. Se sitúa dentro del «pequeño grupo poético que, sin cerrar los ojos a las tragedias, también quiere de alguna manera festejar la vida».
Este año ha publicado «Asimetría» (Acantilado). El jurado del Princesa de Asturias de las Letras destacó que su obra «confirma el sentido ético de la literatura». —Nació en la ciudad de Lwów, cuando era polaca. Después, pasaría a ser parte de Ucrania y en tiempos históricos fue austrohúngara.
¿Qué es para usted la patria?
—Me llevaron de Lwów cuando era muy pequeño. Recuerdo el edificio del colegio, de corte prusiano. Mi familia hizo un mito de esa ciudad, considerándola la más hermosa de Europa. Y, sin duda, yo formo parte de la cultura polaca. Más tarde, aprendí alemán, francés e inglés, y me siento como en casa en cada una de esas culturas. —Perteneció a la generación literaria del 68, uno de cuyos lemas era «Di la verdad».
