La misma evolución de la sociedad prueba que las mayorías no son fijas. Pero la opinión pública no cambia sola. Ejemplos como el clásico de la campaña para abolir la esclavitud muestran que unos pocos muy activos pueden convencer a la mayoría.
Cuatro investigadores de las Universidades de Pensilvania y Londres afirman haber hallado la proporción mínima de disidentes para que se produzca un vuelco.
Se ha visto muchas veces, dicen los autores, que “los esfuerzos de una pequeña pero comprometida minoría puede hacer que cambien normas sociales aparentemente estables”.
