A la salida del metro Estrecho, en Madrid, pregunto a un joven inmigrante cómo llegar a la calle Cenicientos 8, sede de la ONG Gastronomía Solidaria, que llevan adelante el chef Chema de Isidro, su esposa Beatriz Burgos y otras personas convencidas de que, arrimando el hombro y echándole horas, el árbol torcido sí que puede enderezarse. “Venga, yo voy para allá”, me dice, y nos adentramos unas cuantas calles en el barrio de Tetuán.
Están aquí para aprender. Chema –que llega a los pocos minutos con Beatriz– lleva adentro a la “tropa” y les da la misión del día: hacer pizza, pero el proceso completo, desde la masa. El chef, que comenzó con ellos en abril de este año, los está formando como pinches de cocina, y con los vientos de popa que impulsan a la gastronomía española, es muy probable que tengan en sus manos un contrato en cuanto termine el curso.
