Cada vez son más los jóvenes que dedican parte de sus vacaciones de verano a realizar tareas de voluntariado.
Bien en España o bien en el extranjero, lo cierto es que ser voluntario reporta a estos estudiantes numerosos beneficios: la desinteresada labor social aporta una gran satisfacción que difícilmente se consigue por otros medios, les proporciona el desarrollo de valores como una mayor empatía y sensibilidad, les permite conocer a otras personas con sus mismos intereses y les ayuda a mejorar y adquirir cierta experiencia que les facilitará su acceso al mundo laboral.
Al finalizar la experiencia, los jóvenes habrán conseguido numerosos beneficios de forma natural y les supondrá una increíble realización tanto a nivel personal como profesional, algo cada vez más valorado en el mundo empresarial. Así lo corrobora Gaspar González Palenzuela, arquitecto y fundador de la ONG ASU: «He pasado por procesos de selección en estudios de arquitectura donde se me ha valorado muchísimo el haber realizado voluntariado, primero, en el aspecto personal, y segundo, porque llevar a cabo un proyecto en un país en vías de desarrollo es como montar una empresa pero con diez veces más trabajo», asegura. «Se coge mucho callo.
