Uno de los pretextos utilizados con mayor frecuencia por la propaganda a favor de la eutanasia y del suicidio asistido es la vinculación -real, pero abordable desde más de un punto de vista- entre el dolor y la enfermedad terminal.
El vínculo es innegable en numerosos procesos que conducen a la muerte, pero tres investigadores de la Universidad de Wollongong (Nueva Gales del Sur, Australia), sobre la base de la abundancia de datos que proporciona el sistema de cuidados paliativos australiano, relativizan su importancia en la percepción de los pacientes.
Así lo explican los profesores Kathy Eagar, Sabina Clapham y Samuel Allingham, especialistas en análisis estadístico del sistema nacional de salud de Australia.



