Como cualquier movimiento interesado en lograr un cambio social, los profamilia se juegan mucho con sus alianzas. Errar en esto puede conducir a la estampida de potenciales simpatizantes que, si bien conectan con los valores familiares (porque, de hecho, los viven), se resisten a ir del brazo de quienes perciben como hostiles a otros ideales que también aprecian.
No es una simple cuestión de estrategia: la decisión de optar por unos aliados o por otros tiene una influencia decisiva en la identidad de un movimiento, cuyas causas pueden verse desplazadas por las prioridades de los socios sobrevenidos.


