Al entrar en la Basílica de la Natividad desde la Plaza del Pesebre, uno siente que ha entrado en un mundo diferente. Esta basílica es la misma que mandó construir Justiniano en el 529.
Tiene forma de cruz latina con el transepto rematado en ábsides.
La nave central se halla flanqueada por 44 columnas rosadas de piedra caliza, distribuidas en cuatro filas.
Desde la plaza que hay delante de la basílica, el visitante tiene la impresión de hallarse frente a una fortaleza medieval: gruesos muros y contrafuertes, con escasas y pequeñas ventanas.






