La nueva tecnología, desarrollada por el Instituto Salk y probada solo en ratones, podría abrir la puerta a una terapia para seis mil enfermedades.
El hombre ya ha aprendido a domesticar cualquier forma de vida, incluida la humana. Lo hace editando el genoma con una herramienta de nombre impronunciable –CRISPR /Cas9 (léase crisper)– que está revolucionando los laboratorios de todo el mundo y ya ha conseguido saltar a la clínica. Esta técnica permite cortar y pegar genes a voluntad y cambiar el destino escrito en el ADN de una forma tan sencilla y eficaz que le proporciona un potencial terapéutico asombroso para intentar curar enfermedades tan difíciles de tratar como son el cáncer o miles de patologías hereditarias.
Pero a esta revolucionaria técnica de edición genómica le ha salido un competidor aventajado, un complemento de esa tecnología que, además, lleva sello español. Científicos del Instituto Salk de Estados Unidos, coordinados por el investigador Juan Carlos Izpisúa y en colaboración con el Hospital Clínic de Barcelona y la Universidad Católica de Murcia, han utilizado con éxito una nueva técnica para editar genes que amplía el potencial de esta poderosa herramienta.