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sábado, 30 de diciembre de 2023

Mamela Fiallo, una “revolucionaria” de la belleza

 

Mamela Fiallo Flor nació en Ecuador y mide apenas un metro y medio. Pequeña de estatura pero de ideales grandes, esta profesora de historia y lengua y, además, influencer, utiliza sus redes sociales para llenar el mundo de mensajes positivos sobre la feminidad, la defensa de la vida y contra la cultura de la cancelación.

Mamela Fiallo Flor nació en Ecuador y mide apenas un metro y medio. Pequeña de estatura pero de ideales grandes, esta profesora de historia y lengua y, además, influencer, utiliza sus redes sociales, en las que acumula decenas de miles de seguidores, para llenar el mundo de mensajes positivos sobre la feminidad, la defensa de la vida y contra la cultura de la cancelación.

“Soy influencer y profesora” nos cuenta Mamela, que explica de este modo cómo cómenzó su andadura en las redes sociales: “Nos dijo el Papa Francisco que hiciéramos lío y eso es, ciertamente, lo que más hago. En redes sociales, en los medios que escribo y en las clases de Historia que doy, procuro sacudir almas y mentes para llegar a la verdad, aun que genera tensión porque altera la narrativa imperante”. 

Mamela creció en una familia algo fría religiosamente, como relata ella misma: “A Dios gracias, tuve una abuela muy piadosa que ha sido siempre mi guía y la mujer más culta y amorosa que conocí. Mis padres siempre fueron más alternativos y mi resurgir en la fe fue de adulta, de la mano de la causa provida”. 

En efecto, Mamela comenzó a participar en la causa provida por una motivación política y no religiosa: “Entendí la importancia de no darle al César lo que es de Dios: la potestad de dar y quitar la vida, a la par de la caridad. No quise limitar el ser provida a ser antiaborto. Me dediqué de lleno a apoyar iniciativas en orfanatos, hospitales infantiles, alimentando a gente en situación de calle y lo más crudo: acompañar retiros post-aborto”.

Esas iniciativas estaban llevadas por personas cristianas y se fue involucrando, cada vez más, en esta lucha por la vida. “Cuanto más me comprometí en estos empeños sociales, mayores fueron los ataques que recibí” recuerda. En esa brega se dio cuenta de “que la ‘batalla’ es cultural, pero la guerra espiritual. Me fui acercando a la fe, y tuve apoyo sobrenatural en varias personas que me han ido guiando a profundizar en mi formación católica”. 

Ahora Mamela ha encontrado un altavoz en las redes sociales: “Con mis publicaciones consigo que otros se animen a levantar la voz ante la injusticia y si son tímidos que sepan que pueden acudir a otros para que lo hagan. Procuro sembrar la idea que debemos reconocer cuál es nuestro rol en esta batalla, acorde los dones que hemos recibido. No pretender ser como el otro, sino dar lo mejor de sí”. 

Defensa de la belleza 

Mamela es firme defensora de la máxima de Dostoievski “la belleza salvará el mundo”. Ella lo concibe como “el resurgir de las musas que despertará a los héroes” y señala cómo “en una era donde el arte tiende a la decadencia, es hermoso saber que hay artistas que nadan a contracorriente”, resaltando valores como la sana masculinidad y la verdadera feminidad. Entre sus acciones también está la de conferenciante. Recientemente, fue invitada a dar una ponencia en Brasil ante una prominente audiencia: “Era la única mujer en cartelera”. Ante su audiencia “di una charla sobre la feminidad como contrarrevolución y tuvo gran acogida. Procuro motivar, amar, ser mujer y proyectarlo externamente. Es un acto de sana rebeldía”. 

Su labor no es siempre un camino de rosas, también le llegan mensajes en contra. Cuando recibe estos ataques, nos confiesa Mamela: “Pienso en aquel ‘bienaventurados los perseguidos’ e intento, aunque no es fácil, responder al odio, con amor y buenas dosis de humor y picardía”. 

Su positividad y educación son algunas de las características de su forma de actuar. Mamela lo tiene muy claro: “Se trata de un contraste con la vulgaridad imperante. Es importante siempre dejar una huella positiva. Exteriorizar el mundo en el que queremos vivir y que se vea quienes son los verdaderamente violentos”. 

Entre las anécdotas o sucesos que más recuerda hay algunas verdaderamente sorprendentes, como el día que fue atacada físicamente por defender una estatua de Isabel la Católica. “Aquello fue un antes y después en mi vida”, afirma, “viví en carne propia el odio que hay contra nuestras raíces, sobre todo hacia la verdad que nos hace libres. Lo cual a su vez afirmó mi necesidad de no doblegarme ante los ataques. Es lo que más ha potenciado mi fe”. 

Más de un legado 

Al preguntarle qué legado le gustaría dejar contesta: “Me encantaría dejar un legado sanguíneo, siendo madre y esposa. Sospecho que mi lápida dirá: “Aquí yace la defensora de estatuas, mientras vivió ninguna se derribó” porque han sido varios los incidentes de este tipo. Pero, mientras en otros países derriban estas estatuas, en mi ciudad natal no”.

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