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sábado, 13 de junio de 2026

El día del Señor: domingo 11º del T.O. (A)

Evangelizar es entregar a los demás con las palabras y las obras el tesoro del Evangelio que llevamos en el corazón. Acompaño varias reflexiones.

El Evangelio de hoy comienza con la compasión de Jesús. Al ver a aquellos hombres, quiere lo mejor para ellos y, al comprobar que van sin rumbo, les ofrece lo mejor que tiene: Dios mismo. Esa compasión le mueve a actuar en favor de las personas que tiene delante.
Jesús toma la iniciativa y elige a los apóstoles para llevar a Dios al mundo entero. Pide orar para que Dios envíe obreros a su mies. Con esta enseñanza de Jesús, nos queda claro que el protagonista de la salvación es Él, no nosotros; que los medios más importantes para llevar a los corazones la fe no son los medios humanos, sino los sobrenaturales. 

Lo primero no es poner en marcha actividades apostólicas, hablar, escribir, moverse de un lado a otro del mundo. Lo primero es orar. San Josemaría, siguiendo esta enseñanza de Jesús, escribía “Primero, oración; después, expiación; en tercer lugar, muy en "tercer lugar", acción”. El apostolado solo será eficaz si se fundamenta en la oración, en la unión de amor con Dios. ¿Y quiénes son esos obreros que tanta falta hacen? Todos los cristianos: laicos, sacerdotes, religiosos... Todos estamos llamados por Dios a llevar al mundo entero la buena noticia de la salvación.

Jesús hace partícipes a los doce de su misión. Cuando los escoge les llama “apóstoles” que significa enviados, pues los envía a realizar lo que él mismo hizo desde el inicio de su vida pública: curar enfermos, resucitar muertos, sanar leprosos, expulsar demonios. Eran tareas que sobrepasaban con mucho las posibilidades humanas de aquellos doce hombres, la mayoría de ellos pescadores, sin una especial preparación.

¿y cuál es el contenido del mensaje que Jesús da a los discípulos? El Reino de Dios. Dios cree tanto en la instauración del Reino de los cielos y en la redención de los corazones humanos, que “se atreve”, por decirlo así, a contar con los apóstoles para llevarla a cabo. Al igual que los apóstoles, tu y yo también estamos involucrados en esta misión. Dios espera nuestra libre respuesta y cooperación para que el Reino sea una realidad.

Jesús también cuenta con nosotros, hoy, ahora, sin esperar a un momento más propicio, en el que nos sintamos más preparados y mejor dispuestos, cosa que nunca sucederá, porque nunca seremos dignos embajadores de su mensaje de salvación. Hemos de decir que sí, ya, ahora, cuando Él pasa y nos lo pide: y sobre nuestra generosidad, ya sabe Dios formar a un apóstol, eficaz y fiel.


«Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Habiendo llamado a sus doce discípulos, les dio poder para arrojar a los espíritus inmundos y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: Primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás v Mateo el publicano; Santiago y Judas Iscariote, el que le entregó». (Mateo 9, 36.10, 4)

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