El Evangelio que acabamos de escuchar nos sitúa en el corazón mismo de la vida de la Iglesia. El mensaje de Jesús no hace impecables a los hombres; pero sí nos pide amarnos unos a otros a pesar de nuestros defectos y errores. Hoy, el Señor nos regala tres enseñanzas fundamentales para vivir la caridad cristiana: la corrección fraterna, el misterio de la Reconciliación y la fuerza de la oración en común.
1. La corrección fraterna: el arte de curar con amor
Jesús nos invita en primer lugar a ser jueces misericordiosos que tratan con comprensión a quien yerra. Nos dice: "Si tu hermano peca contra ti, vete y corrígele a solas tú con él". La corrección fraterna no nace del orgullo de sentirse superior, sino del deseo sincero de salvar al hermano. Como nos recordaba San Agustín: «Debemos, pues, corregir al hermano por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda».
