Siglo XVI. Desde su infancia el joven capitán Íñigo de Loyola ha querido demostrar que merece el respeto de su linaje.
Decimotercer hijo de Beltrán Yáñez de Oñaz y Loyola, VIII señor de la casa de Loyola de Azpeitia, Íñigo ha sentido que se le ha negado ese honor que tanto añora, a favor de otros miembros de su familia. Militar de profesión, sueña a sus treinta años con emular a legendarios caballeros como Amadís de Gaula, que para él pasaría por emprender grandes gestas por la Corona de Castilla. Hombre valiente y pasional estará dispuesto a morir entonces contra el ejército francés en defensa del castillo de Pamplona. Pero Dios tendrá otros planes.
Insólita película filipina rodada en España, país que aporta también actores y coproducción. Ciertamente sorprende que el cine no haya prestado antes mayor atención a figura tan excepcional como es la del fundador de los jesuitas, Ignacio de Loyola (1491-1556), pues su historia tiene mucho de novelesco. Acierta este biopic en quedarse incompleto, es decir, en centrarse en la juventud del héroe –del santo– y no abarcar una trayectoria vital que tan sólo podría contarse en formato, digamos, de serie televisiva (lo cual, ya puestos, sería una gran idea). El director debutante Paolo Dy (Manila, 1978) decide así cerrar su film mucho antes de que la Compañía de Jesús irrumpiera en la cristiandad y centra su interés sobre todo en la batalla interior del protagonista, un personaje quijotesco, obsesionado con realizar hazañas caballerescas, llenas de valentía y honor, salvamentos de damiselas y muertes heroicas en el campo de batalla.






























