La figura del Bautista tiene un gran protagonismo en el Adviento como presentador de la figura de Cristo. En el Evangelio de la Misa de hoy nos pide que pongamos la mirada en Jesús. “En medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. ¡Cómo se parece la predicación del Bautista a la tarea del cristiano de testimoniar a Jesucristo! Debemos dar a conocer a Jesús con nuestra actuación y nuestra conversación, pero al que no conocemos bien por desidia o poco interés.
El propio S. Juan Bautista no fue ajeno a esta conversión que proponía. Recordemos aquel episodio en que desde la prisión donde lo ha encerrado Herodes envía a sus discípulos a preguntar a Jesús si es él el que había de venir o hay que esperar a otro. Las tinieblas de las largas noches de la prisión no fueron las más oscuras que el Bautista padeció. La oscuridad le envuelve en la incertidumbre sobre la misión de aquél a quien él había preparado el camino. Iba a llegar la claridad y el mundo no estaría rodeado ya de la niebla pegajosa del mal. Pero Jesús va de un lado para otro enseñando y haciendo el bien, aceptado por unos y rechazado por otros, y la vida seguía siendo el misterio de luces y sombras, de bien y de mal, que todos conocemos y que hace vacilar la fe.


























